99 ELLA

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    Nos encontramos en la estación de tren de Kandy, un cartel con un amigable mensaje “The Majestic Kingdom of the Hills warmly welcome you”, nos da la bienvenida. Es hora punta. Mientras esperamos en el andén vemos llegar trenes desde los diferentes puntos del país llenos de personas, la gran mayoría se dirigen a sus puestos de trabajo a la que hoy por hoy es la segunda ciudad más importante de Sri Lanka. Me quedo observando como bajan del tren y se dirigen hacia la salida de manera ordenada y en silencio, con sus elegantes vestimentas, ellos con camisas entalladas y ellas con coloridos saris.

    El andén está lleno de mochileros de todos los rincones del mundo preparados pasa subirse a ese tren, ese tren que nos llevará hasta el pueblo de Ella. Posiblemente este sea el lugar donde más turistas nos hemos encontrado en lo que llevamos de viaje. Se aproxima nuestro tren, puntual, estamos impacientes por subir. Ya dentro del tren no acabamos de encontrar nuestros asientos, ni siquiera nuestro vagón, que desastre. Preguntamos a la poca gente local que hay en el tren y nos guían en la búsqueda de nuestros asientos. Al parecer nuestro vagón es de los primeros, después de la locomotora así que toca correr por el andén hasta llegar al él.

    De nuestra experiencia en India aprendimos a no viajar más sin asiento. Nunca olvidaremos el viaje de más de 16 horas desde Varkala a Goa. En esta ocasión, aprovechando que ya estábamos en contacto con la persona que nos alojaría en Kandy, le preguntamos si podía comprarnos los billetes con antelación. Sin duda es lo mejor que pudimos hacer, qué tranquilidad, qué diferencia.  Dejamos nuestras mochilas en la parte superior y nos relajamos en nuestros asientos. Intentamos controlar nuestra emoción pero se hace difícil ya que estamos hablando de uno de los trayectos en tren más hermosos del mundo. Nos espera un viaje de más de 6 horas para recorrer los 150 km que separan Kandy de Ella, nuestra próxima parada en este apasionante viaje.

    Nuestro vagón es segunda clase sin aire acondicionado, va prácticamente vacío. Delante de nosotros tenemos el vagón de primera clase. Es un congelador, no acaban de encontrar el término medio con el aire acondicionado y las ventanas no se pueden bajar. Detrás otro vagón de segunda clase pero sin asientos reservados, está completamente abarrotado. El viaje es ameno, nos movemos con facilidad por el vagón de un lado a otro intentando conseguir la mejor instantánea. Algunos han dejado su asiento libre y se han sentado directamente en el suelo junto a la puerta que da acceso al vagón, la cual está abierta. ¿Os imagináis en Barcelona con las puertas del tren de cercanías abiertas con el tren en marcha?

    Nos dirigimos hacia Ella, un pueblo a 1000 metros de altura situado en el centro del Hill Country, rodeado de plantaciones de té, valles y cascadas. Es difícil dejar de mirar por las ventanas del tren, la belleza del paisaje te envuelve en una perfecta sintonía para el descanso y el disfrute. Ya no sabemos en qué lado del tren ponernos. El tren circula lentamente, en ocasiones a 15 Km/h por las serpenteantes vías. Estábamos tan emocionados con el trayecto que olvidamos comprarnos algo para comer. Algunos vendedores aprovechan las diferentes paradas y suben al tren para ofrecer sus productos, no hay mucha variedad así que acabamos comiendo un cartucho de cacahuetes hecho con una hoja de papel de un libro de mates.

    Una vez en la estación de Ella decidimos caminar hasta el alojamiento. Sólo son 500 m o eso parece … Caminamos por la carretera principal sin dar con el lugar. Preguntamos cada 200 m y nadie sabe dónde está nuestro alojamiento. Toda la zona está en obras. Finalmente,  y después de caminar más de 15 minutos cargados con las mochilas y hambrientos, llegamos al alojamiento. Estoy un poco enfadado puesto que parecía estar mucho más cerca según la descripción y el plano pero después de conocer a Demika, con esa energía y con esa ilusión me relajo y disfruto del momento. Nos enseña con todo detalle y con mucha ilusión nuestra cabaña para los próximos días. Es fácil ver como disfruta de su proyecto personal, ha cuidado cada detalle para que sus huéspedes se sientan como en casa. Nos ha preparado un delicioso zumo de bienvenida de papaya, plátano y fruta de la pasión.

    Decidimos relajarnos el resto de la tarde sentados en el porche de la cabaña. Las vistas hacia Ella Rock son increíbles. A los pocos minutos vuelve Demika para interesarse de si todo está bien. En las referencias de internet había leído que tocaba la guitarra así que le animo a que practique con nosotros. No se lo piensa y a los pocos minutos vuelve con su guitarra y su violín y sin darnos cuenta ha empezado un concierto que será difícil de olvidar. Nos toca dos canciones, una de su primer amor escrita por él mismo y una canción tradicional de Sri Lanka. Dejamos los instrumentos a un lado y lo conocemos un poco mejor. Nos explica su proyecto turístico que empezó el pasado 14 de febrero con esta primera cabaña donde dormiremos y nos muestra la segunda que está a punto de terminar. Que se preparen las cadenas hoteleras porque Demika tiene muy claro su proyecto y ya os puedo decir que va a ser todo un éxito. Cuando hay ilusión y te preocupas por hacer las cosas bien es muy difícil que algo salga mal.

    Lo liberamos y nos vamos a cenar al centro del pueblo. Mañana nos espera un día duro así que después de cenar volvemos a nuestra cabaña para descansar y disfrutar al máximo de Ella Rock. Nos levantamos temprano, los primeros rayos de sol atraviesan las cortinas y no tardamos en incorporarnos, que bien hemos dormido. Demika nos prepara un generoso y delicioso desayuno que sin duda nos dará fuerzas para el ascenso. Hay varias maneras de llegar a Ella Rock. Nosotros seguimos los consejos de nuestro anfitrión y cogemos un tuck-tuck y nos dejamos llevar. Después de unos diez o quince minutos de trayecto con pronunciadas cuestas y muchas curvas y alguna parada para comprar agua, llegamos a un punto en el que el tuck-tuck se detiene. El conductor no habla nada de inglés, pero, ¿a quién le hace falta? Con gestos y señas nos lleva a pie por un camino de tierra. Caminamos por una vía de tren y cada dos por tres se detiene y nos hace un gesto para que hagamos un foto de ese lugar. No quiere que nos perdamos, caminamos unos minutos más juntos, cruzamos un puente y se detiene para despedirse. Quedamos con él a una hora en el mismo punto donde había aparcado su tuck-tuck.

    Nos toca seguir solos, hace calor pero tenemos muchas ganas de subir hasta arriba. ¡Allá vamos! Nos vamos encontrando por el camino a personas que ya van de vuelta. Les preguntamos si vamos bien y si queda mucho, nos comentan que no tiene pérdida y bueno…todavía nos queda un rato para llegar hasta lo más alto. A medida que vamos subiendo, el camino se va complicando, cada vez la pendiente es más pronunciada. Kilian Jornet ¿Cómo lo haces?

    Compartimos camino de subida con una pareja de Suiza. Nos cuentan que es su primer viaje de mochileros y alguna experiencia no muy agradable que han tenido con algún alojamiento. También nos cuenta la chica que su madre tiene una casa en Calella de Palafrugell para veranear, qué mal gusto ¿eh?.

    Una vez arriba nos relajamos contemplando el paisaje, respiramos y recuperamos el aliento. Hace un día increíble, hacemos fotos y decidimos que es la hora de bajar. En esta ocasión compartimos trayecto con un profe de Secundaria de Salamanca, Luis. Viaja solo. Llegó a Colombo y contrató a una agencia, bueno, exactamente un coche con conductor para que le llevase de un lado a otro. Por lo que nos cuenta, parece que no han hecho muy buenas migas. Bajamos con mucho cuidado para no caernos, uy, Marien ¿te suena este camino? No me suena que hayamos pasado por aquí. Qué raro… nos hemos perdido y es que nos orientamos fatal. Nos acercamos a una casa en medio de la montaña, la puerta y ventanas están abiertas pero no vemos a nadie a quien poder preguntar. Seguimos caminando y por suerte llegamos a la vía del tren, ahora ya no hay pérdida. Esperamos unos minutos e invitamos al Luis a bajar con nosotros hasta Ella para que no tenga que caminar una hora por las vías del tren con este calor que hace. Una vez abajo nos despedimos de él y le deseamos buena suerte para el resto de su viaje.

    Aprovechamos para recuperar fuerzas picando algo y bebiéndonos un zumo de limón bien frío. Nuestra siguiente parada es el puente de nueve arcos y, ¿cómo no?, decidimos ir caminando. Parece ser que este puente se construyó durante la Primera Guerra Mundial. Había escasez de acero y por ese motivo decidieron construirlo  a partir de ladrillos, piedras y cemento. La verdad es que es precioso. Con la tontería entre una cosa y otra estamos caminando muchísimo y sólo son las cuatro de la tarde. Decidimos volver al alojamiento y relajarnos un rato. Mañana es nuestro último día y todavía no sabemos cómo vamos a llegar a Tissamara. Mientras nos hidratamos con un delicioso zumo, hablamos con Damika y estudiamos la mejora manera de llegar hasta allí. Creo que lo tenemos claro, nos vamos a pegar el capricho de ir con TAXI. Todo un lujo pero es que ahora estamos de vacaciones y a estas alturas del viaje ya hemos tenido la oportunidad de viajar en varios medios de transporte públicos. Queremos aprovechar al máximo el día de mañana así que lo dejamos cerrado por unos 30€ el trayecto de unas dos horas y media en el taxi del hermano mayor de Demika, todo queda en casa.

    Creo que entre una cosa y otra nos hemos relajado demasiado el resto de la tarde pero bueno, vamos a intentar acercarnos a The Little Adam’s Peak. Nuestra cabaña está en el mismo camino que llega hasta él. A ambos lados encontramos plantaciones de té. El camino no tiene dificultad ni pérdida alguna, al menos lo que llevamos caminado. La tarde se está poniendo fea, se está levantando mucho viento y el cielo se está llenando de nubes. En pocos minutos caen las primeras gotas y todavía no hemos llegado al inicio de la subida así que decidimos abortar. Mañana lo volveremos a intentar. No hacemos mucho más en lo que queda de día, cenamos escuchando música en directo y nos vamos a dormir. Ha sido un día muy intenso y estamos agotados.

    Nos levantamos frescos y llenos de energía. Teniendo el transporte ya cerrado nos tomamos la mañana con calma y desayunamos tranquilamente. La primera parada ya os podéis imaginar cual es: Little Adam’s Peak. ¡Qué pasada!, después de unos cuarenta minutos caminando y subiendo escaleras llegamos a lo más alto. Las vistas son increíbles. Cómo nos alegramos de no habernos ido de Ella sin subir hasta aquí arriba. Muy recomendable. Y para poner punto final a nuestro paso por Ella no nos podemos ir sin ver como se trabaja el té así que vamos caminando hasta una fábrica que está relativamente cerca del alojamiento. Tenemos la suerte de ver todo el proceso desde antes de llegar ya que nos cruzamos con un grupo de mujeres que se dirigen hacia allí cargadas con la cosecha del día. Me ofrezco a ayudarles a llevar su saco, ¡no veas cómo pesa! Les preguntamos cómo funciona, cuántas horas trabajan, cuántos kilos recogen cada día y cómo les pagan. Tienen que recoger un mínimo y todo lo que recojan  de más se lo pagan como extra. Una vez ya en la fábrica, nos explican cómo se trabaja el té pasando por diferentes fases de secado, enrollado, cribado, desecación y clasificación antes de ponerlo a la venta. Sri Lanka es uno de los mayores exportadores de Té, principalmente a India y UK.

    Ahora sí, ha llegado la hora de decir adiós. Nos llevamos de Ella un recuerdo inolvidable, desde el viaje en tren, la naturaleza, Demika y su cabaña, Ella’s Rock, Little Adam’s Peak, el puente de los nueve arcos, las plantaciones de …Sin duda será difícil de olvidar esta parte del viaje.

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